Cien días pueden parecer poco en el contexto de una vida, pero representan un viaje monumental cuando se trata de transformación personal. Cada día representó una elección: seguir adelante o darse por vencido. Y cada elección, por pequeña que parezca, es un paso hacia el cambio, que se refleja ahora, 240 días después.
Es cierto, en ese centésimo día, ya podía ver tangiblemente cómo mi mundo había sido alterado. La conexión con mis hijos era más fuerte, mis negocios prosperaban y mi salud ya no era una preocupación, sino una victoria diaria. Pero, aunque estos logros eran significativos, la verdadera victoria estaba en el proceso, en el viaje que emprendimos, Esteban y yo.
Pasado el umbral de los 100 días y avanzando hacia los 365, la perspectiva cambia. Nos dimos cuenta de que no se trataba simplemente de alcanzar un destino, sino de valorar y aprender de cada paso en el camino. Las adversidades no eran obstáculos, sino lecciones. Las victorias no eran el final, sino puntos de reflexión y motivación.
Hoy, con 340 días a cuestas, vemos nuestra evolución. Las prácticas que adoptamos han evolucionado con nosotros, adaptándose a lo que realmente necesitamos y descartando lo superfluo. El camino nos ha enseñado a ser flexibles, a escuchar a nuestro interior y adaptarnos. Hemos aprendido a valorar el proceso más que la meta final, porque es en el proceso donde realmente crecemos.
Esteban y yo hemos aprendido que la auténtica transformación no viene marcada por una fecha en el calendario, sino por la capacidad de levantarse cada mañana con propósito, enfrentar el día con determinación y acostarse con la satisfacción de saber que hicimos nuestro mejor esfuerzo.
Los primeros 100 días de nuestro reto fueron esenciales para establecer una base sólida. Pero como se menciona en «Hábitos Atómicos» de James Clear, crear hábitos no se trata simplemente de repetir una acción, sino de construir sistemas que faciliten la continuidad de esas acciones. A continuación, se presentan algunos consejos basados en esta filosofía y cómo los hemos aplicado en nuestro reto:
- Comenzar Pequeño: En lugar de tratar de hacer cambios drásticos desde el principio, empieza con acciones pequeñas y manejables. En nuestro reto, no intentamos cambiar todo de una vez. Establecimos un par de hábitos fundamentales y los fuimos incorporando gradualmente a nuestra rutina.
- Aplicar la Regla de los 2 Minutos: Si toma menos de dos minutos, hazlo ahora. Este principio nos ayudó a superar la procrastinación. Por ejemplo, si nuestro hábito era meditar, empezábamos con solo 2 minutos al día y luego lo ampliábamos gradualmente. (hoy hago la cama apenas me levanto)
- Acoplar con un Hábito Existente: Relaciona el nuevo hábito con uno que ya tengas establecido. Si Esteban ya tenía el hábito de beber café por la mañana, lo utilizaba como recordatorio para luego hacer su meditación matutina.
- Celebra las Pequeñas Victorias: Es fundamental reconocer y celebrar incluso los logros más pequeños. Esto fortalece la mentalidad positiva y la motivación para seguir adelante. Cada día que cumplíamos con nuestros hábitos, nos dábamos una pequeña recompensa o simplemente nos reconocíamos el esfuerzo mutuamente.
- Rodearte de Influencias Positivas: Como socios en este reto, Esteban y yo nos convertimos en las influencias positivas del otro. Si uno tenía un día bajo, el otro estaba allí para alentar y motivar. Tu entorno juega un papel crucial en el mantenimiento y formación de hábitos.
- Optimización del Entorno: Facilita la realización de tus hábitos. Si nuestro objetivo era hacer ejercicio, dejábamos la ropa deportiva al lado de la cama la noche anterior para que fuera lo primero que viéramos al despertar, o dejar unas pesas al lado del sector de meditación.
- Revisión y Ajuste Constante: Como mencionamos anteriormente, a lo largo de los 340 días, algunos hábitos se adaptaron y otros se descartaron. Es vital revisar regularmente y hacer los ajustes necesarios para que los hábitos sigan siendo relevantes y efectivos.
- Comprensión y Enfasis en la Identidad: Uno de los principios clave en «Hábitos Atómicos» es la importancia de creer en uno mismo y en su nueva identidad. En lugar de decir «quiero ser alguien que medita», decíamos «soy alguien que medita». Esta sutil diferencia en la mentalidad marca una gran diferencia en la acción.
El final del reto de 365 días puede estar cerca, pero el viaje, el verdadero viaje de autodescubrimiento y crecimiento, no tiene fin. Y esa es la belleza de todo esto: aprender a disfrutar del proceso, a valorar cada momento y a seguir avanzando, sin importar las circunstancias. Porque, al final del día, lo que realmente cuenta no es cuánto hemos avanzado, sino cómo hemos vivido cada paso del camino.
