340 días después: La Realidad de Nelson, Una Lucha Contra Demonios Internos

La adicción es una bestia implacable, una lucha constante entre la voluntad de uno y las demandas de una sustancia. Durante este viaje de autodescubrimiento y transformación, recaí en drogas cuatro veces. Cada recaída fue como un golpe directo al alma, un recordatorio desgarrador de la fragilidad del progreso humano. Pero por extraño que parezca, cada uno de estos deslices también me mostró el poder intrínseco de la resiliencia humana.

Aunque la drogadicción parecía, en esos momentos oscuros, una batalla que quizás nunca ganaría, había algo que se había establecido en mí que no me permitiría rendirme tan fácilmente: los hábitos que había cultivado y la mentalidad que había desarrollado.

Antes, una recaída habría significado una espiral descendente en el abismo, una renuncia a la esperanza y a la idea misma de recuperación. Pero ahora, en medio de este reto, cada vez que caía, no era como caer en un abismo desconocido, sino más bien como tropezar en un camino familiar. Sabía qué hacer, cómo levantarme y, lo más importante, sabía que valía la pena levantarme.

Y aquí es donde los hábitos que había formado desempeñaron un papel crucial. Durante cientos de días, había repetido afirmaciones de amor propio, confianza y fuerza. Me decía a mí mismo que me quería, que confiaba en mis capacidades y que merecía más que la vida que estaba llevando. Al principio, estas afirmaciones parecían palabras vacías, como si estuviera tratando de convencerme de algo que no creía. Pero con el tiempo, al repetirlos una y otra vez, empezaron a calar hondo. Mi mente comenzó a aceptarlas, a creerlas, a vivirlas.

Por lo tanto, cuando llegaban las recaídas, en lugar de ahogarme en la desesperación y la autocompasión, algo en mi interior se rebelaba. Era como si una voz en mi interior me dijera: «Esto no es lo que somos. Somos más fuertes que esto. Merecemos más que esto». Y eso, creo, es el verdadero poder de los hábitos y las afirmaciones positivas. Fortalecen el alma, dan poder a la mente y crean una fortaleza interna que te sostiene incluso en los momentos más oscuros.

Por supuesto, esto no quiere decir que las recaídas no fueran dolorosas o desafiantes. Lo fueron. Pero teniendo una base sólida, una mentalidad fortalecida y un conjunto de hábitos positivos, cada recaída se convirtió en una oportunidad para aprender, crecer y volver más fuerte. Y a medida que me recuperaba, cada vez me recordaba a mí mismo de lo lejos que había llegado, de lo mucho que había logrado y de lo valioso que era como individuo.

Es una lección que quiero compartir con todos: el poder de la mente es asombroso. Y si se nutre correctamente, con hábitos y pensamientos positivos, puede ser el salvavidas que te mantiene a flote incluso en las aguas más turbulentas.

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